El origen de Lagomar en Lanzarote

By 29 Jul 2026No Comments

El origen de Lagomar en Lanzarote

NATURALEZA , ARQUITECTURA, ARTE Y GASTRONOMÍA EN UN OASIS VOLCÁNICO EN LANZAROTE

El Museo Lagomar es hoy el resultado de un proyecto familiar desarrollado desde principios de los años 90, ubicado en el centro de Lanzarote, Islas Canarias. Conocido también por muchos visitantes como la casa Lagomar Lanzarote, este espacio se ha consolidado como uno de los enclaves culturales y arquitectónicos más singulares de la isla.

Actualmente liderado por Tatyana Von Boettinger y Adrián Von Boettinger, hijos de los arquitectos Beatriz Van Hoff y Dominik Von Boettinger, el espacio continúa evolucionando después de más de tres décadas bajo una misma lógica: integrar la naturaleza, la arquitectura, el arte y la gastronomía dentro de un oasis para todos los sentidos.

Su historia se vincula al contexto creativo de Lanzarote en los años 70, cuando este enclave en el oasis de Nazaret pasó a formar parte de un imaginario singular asociado a figuras internacionales como Omar Sharif, actor egipcio de proyección internacional y uno de los grandes rostros del cine de Hollywood en esa época, quien adquirió la propiedad durante su estancia en la isla. Por este motivo, Lagomar también es conocido popularmente como la casa de Omar Sharif en Lanzarote, una referencia que sigue formando parte de la memoria y del atractivo del lugar.

En paralelo, el desarrollo del espacio se construye bajo la influencia de César Manrique, artista y arquitecto clave en la transformación cultural de Lanzarote, y con la colaboración de Jesús Soto, cuya intervención fue fundamental en la adaptación del espacio a la topografía volcánica y en elementos como las luminarias de hierro.

El origen: dos arquitectos y una oportunidad inesperada

El origen de Lagomar en Lanzarote se remonta a la llegada a Lanzarote de Beatriz Van Hoff, arquitecta de origen uruguayo, y Dominik Von Boettinger, de origen alemán, ambos con trayectorias internacionales consolidadas y experiencia en proyectos de arquitectura contemporánea.

Su llegada a la isla se produce en el marco de un encargo inicial: desarrollar un restaurante para unos clientes y amigos de Dominik. Es en ese contexto cuando ambos descubren en Nazaret una antigua cantera volcánica en ruinas, completamente cerrada al exterior.

El acceso al interior era limitado, apenas visible a través de una pequeña apertura, lo que impedía comprender la magnitud real del lugar.

Lo que encontraron era un mismo espacio con dos realidades visibles, ambas envueltas por roca volcánica: por un lado, una construcción en estado de abandono y por otro, el resto del terreno, una gran excavación volcánica aparentemente vacía y sin una forma definida. Un conjunto cuya dimensión y potencial no podía entenderse en una primera mirada.

Fue con el tiempo cuando comenzaron a descubrir el alcance real de la propiedad, comprendiendo que se trataba de cerca de 7.000 metros cuadrados de cantera y roca volcánica.

En ese momento, no eran aún conscientes de la complejidad técnica ni de los trámites que implicaría su desarrollo.

Acostumbrados a planificar cada detalle sobre una mesa de dibujo, ambos arquitectos tuvieron que enfrentarse a una realidad completamente distinta: trabajar desde el caos orgánico de la lava. La complejidad del terreno y la ausencia de herramientas de medición precisas, en un contexto sin satélites, GPS ni tecnología avanzada, condicionaron todo el proceso.

El uso de instrumentos como el teodolito resultaba insuficiente, por lo que el proceso se basó principalmente en la observación directa y la adaptación continua a las formas naturales del entorno.

A lo largo de este proceso, el espacio fue incorporando elementos decorativos y materiales recuperados, especialmente restos vinculados al mundo náutico y piezas procedentes de demoliciones, siguiendo una lógica de integración con el entorno.

A partir de ese momento, lo que comenzó como un encargo puntual evolucionó hacia un proyecto vital que iría creciendo de forma progresiva con los años, incorporando nuevos espacios y funciones hasta convertirse en el conjunto que hoy se conoce como casa-museo. Esta evolución explica por qué la casa Lagomar Lanzarote no puede entenderse únicamente como una construcción, sino como una obra viva integrada en la roca volcánica.

Un espacio vivido: la dimensión familiar del proyecto

Durante años, Lagomar no fue concebido como un espacio público, sino como una residencia familiar en la que Beatriz Van Hoff y Dominique Dominik Von Boettinger vivieron con sus hijos, desarrollando el proyecto en paralelo a su vida cotidiana, sin una separación entre arquitectura y vida. Con el paso del tiempo, el espacio evolucionó hacia su apertura al público, convirtiéndose en un museo que hoy recibe miles de visitantes de distintas nacionalidades atraídos por su propuesta cultural y experiencial. Para muchos de ellos, visitar Lagomar en Lanzarote supone adentrarse en una arquitectura orgánica que conecta historia, paisaje volcánico y memoria familiar.

El presente y proyección de futuro

En la actualidad, Lagomar es dirigido por la siguiente generación Von Boettinger, de la mano de Tatyana, responsable del desarrollo global del espacio —museo, galería, tienda y programación cultural—, y de Adrián, al frente de la propuesta gastronómica que integra el Restaurante y La Cueva Cocktail Bar.

A lo largo de los últimos años, Lagomar ha reforzado su posicionamiento como centro cultural, integrando arte, arquitectura y paisaje en un mismo espacio. Durante más de dos décadas, ha albergado obras de artistas locales e internacionales, así como colaboraciones con publicaciones de referencia como Vogue, ELLE, Architectural Digest o National Geographic, además de producciones para firmas internacionales como Bottega Veneta, Sisley o Mugler.

Paralelamente, Lagomar se ha consolidado como un enclave de referencia para la industria audiovisual, siendo escenario habitual de rodajes cinematográficos y producciones internacionales. Entre ellas, destaca la reciente película Amarga Navidad, dirigida por Pedro Almodóvar.

La relación entre Omar Sharif y Lagomar, su arquitectura excavada en la roca y su evolución como espacio cultural han convertido este lugar en una visita imprescindible para quienes buscan descubrir una Lanzarote diferente.

“Prácticamente lo que siempre buscamos son diferentes formas de encontrar la belleza”, explica Beatriz Van Hoff. Desde esa premisa, Lagomar no se entiende como un proyecto cerrado, sino como un proceso en constante evolución.

Hoy, el espacio continúa creciendo desde esa misma lógica: integrar creación, experiencia y entorno en un mismo lugar.

Un lugar que no se revela desde fuera, pero que, al ser recorrido, transforma la percepción de quien lo visita.

Un mundo hecho de piedra, de agua, de luz. Y de historias que aún están por contarse.

Museo Lagomar, escenario en “Amarga Navidad”, la nueva película de Pedro Almodóvar

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